Un perro de 8 años o más llega con el carácter ya hecho. Su protectora suele saber cómo es: si es tranquilo, si se lleva bien con otros perros o con gatos, cómo está con niños y cómo pasea. Así es más fácil acertar.
Muchos son tranquilos y se adaptan bien a un piso y a paseos sin prisa. Los que ya han vivido en una casa suelen hacer sus necesidades en la calle; los que llevan años en un refugio pueden necesitar un tiempo para aprender: pregúntalo a la protectora.
Necesita lo mismo que cualquier perro y algo más de atención a su salud: revisiones en el veterinario más a menudo, una comida adaptada a su edad y vigilar el peso, la boca y las articulaciones. Pregunta a la protectora si toma alguna medicación o tiene alguna enfermedad crónica, y qué gasto supone.
Cada protectora fija el suyo, que suele cubrir vacunas, chip y esterilización. Algunas protectoras lo reducen para los perros mayores: míralo en su ficha o pregúntalo.
Su ritmo tranquilo encaja con muchas personas mayores, y un perro da compañía y un motivo para salir a pasear cada día. Algunas protectoras preguntan quién se haría cargo del perro si un día no pudieras cuidarlo: tenerlo pensado facilita la adopción.